domingo, 17 de junio de 2012

Llegan refuerzos al equipo de esculturas populares porteñas



Pondrán muñecos de Don Fulgencio, Isidoro, Larguirucho y Patoruzú. Y un Clemente de tribuna en tres dimensiones. Una tendencia que arrancó con ídolos políticos y musicales, y que ahora llega a la historieta.



DEL DIARIO CLARIN





10/06/12

Hace 2.200 años, el primer emperador chino de la dinastía Qin mandó a fabricar 7.000 guerreros de terracota para que cuidaran su alma. Un día, frente a ellos, mirándolos a los ojos, le dije a un amigo que se sacaba una foto entre esas figuras, con la camiseta de Racing: –¿Te imaginás una cosa así en Buenos Aires? –Imposible, no tenemos tanta historia, a lo sumo, vamos a hacerle una estatua a Mostaza Merlo si nos saca campeones.

Sus palabras actuaron como una premonición. El técnico del “paso a paso” conquistó el oro y, hace 10 años, fue moldeado en bronce, un material más robusto que la madera constitutiva de algunos de sus jugadores, según maliciosos e infundados comentarios de la época.

Como la silueta de Gardel en la Chacarita, a la que sus seguidores siguen poniéndole un cigarrillo encendido entre los labios , comenzaron a florecer estatuas de ídolos populares. Fangio en Puerto Madero; el Che Guevara en Rosario; Palermo y Riquelme en La Boca; Garrafa Sánchez en Banfield; Perón en la Recoleta, sentado junto a una mesa de café.

Hubo un factor que fue decisivo para la elección futura de los materiales, el robo masivo de picaportes, placas de jurisconsultos y bustos de próceres, como el de Hipólito Yrigoyen, que, en 2001, un ladrón se cargó al hombro, como una bolsa de papas, y huyó cantando “Ooohhh/ que se vayan todos/ que no quede/ ni uno sólo” .

Los artistas pensaron entonces en resinas y fibras de vidrio, que restaron valor de reventa a las piezas en las chatarrerías y dieron pie a la llegada de los colores.

Rojos dos claveles se posaron sobre el piano del maestro Osvaldo Pugliese, en una representación con los músicos de su orquesta montada en Corrientes y Drago. La buena suerte irradiada por el pianista no impidió que robaran su muñeco . Quizás un admirador, más probablemente un canalla, se lo llevó secuestrado. Las autoridades no han dado con su paradero.

Un Pugliese muleto, reforzado con cemento , fue moldeado por Paula Franzi, y ahí está otra vez el maestro, acompañado por su propia ausencia .

El que siempre aterriza en el viejo hospital de los muñecos es el Negro Olmedo, que en siete meses sufrió el corte de una mano, la fractura de un pie y un manchón de pintura negra en la cara. Lo bueno es que el genio de lo improvisado y su entrañable acompañante, Javier Portales, siempre resurgen, impecables, porque tienen que recibir con una sonrisa a turistas y admiradores que hacen fila en Corrientes y Uruguay.

Me saqué una foto con ellos, la noche en que trabajé de mozo en la pizzería Guerrín, y vi que le gente le acariciaba la pelada a Olmedo. “Te da buena onda”, juró una bailarina flamenca que por allí pasaba. El 25 de mayo lo volvieron a reparar y su autor, Fernando Pugliese, avisó: “Todas las veces que lo lastimen, vendremos curarlo. A este Gardel del humor ya lo fotografió un millón de personas. Los depredadores no nos van a ganar”.

Intacta está en cambio Mafalda, sentada en un banco de Chile y Defensa, pendiente de los chicos que pasan con un libro en la mano, de vez en cuando. El secreto de su resistencia es una carga superficial de cuarzo , mineral con poder energético, y de pigmentos de color en la resina, que impiden las rayaduras. “Está ahí desde hace casi tres años, no me puedo equivocar, porque tiene la edad de mi hija Luisa”, cuenta Pablo Irrgang, el artista que acordó con Quino, el creador, el volumen de la cabeza, el flequillo y las manos que iba a tener esta princesa de San Telmo , más querida que la Barbie. “La gente le saca mil fotos por día feriado. Le dan besos en los cachetes, la abrazan”, se enternece el artista en su taller de Barracas.

Sospeché que hay más personajes escondidos en los moldes de arcilla. Y que en la Unidad de Proyectos Especiales Construcción Ciudadana y Cambio Cultural de la Ciudad –oficina dedicada a muñecos, bah– algo traman. Me enteré entonces que se viene un homenaje a las historietas argentinas, con la instalación de “estatuas” multicolores de Isidoro Cañones, Larguirucho, Gaturro, Matías, Don Fulgencio, Patoruzú, Las Chicas de Divito y el Doctor Merengue.

También Clemente, junto a una tribuna donde cada vecino podrá sentirse un hincha de Camerún. “La idea es que haya estímulos visuales cada 50 metros, en un recorrido, entre Mafalda y la Aduana, para hacer a pie e incluya un mural de Liniers. Luego, queremos ofrecer a la gente un paseo en bici hasta el Museo del Humor, que se hará en la Costanera Sur”, anuncia Carlos Cantini, el coordinador.

Se pensó en clonar a la Mulatona, pero es imposible por las medidas delanteras. El molde definitivo se hace con siliconas, lo que saldría un dineral. Pero el Madame Tussauds local avanza, con Rodrigo en la cancha de Belgrano, Sandro en Junín, Fontanarrosa en el bar El Cairo y quien se imagine, que sonreír para la foto no cuesta nada.

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