miércoles, 15 de diciembre de 2010

Biografía de una ambigüedad: una audaz novela gráfica sobre Carlos Gardel

Se discute dónde nació, su sexualidad y su inscripción política. Gardel, como una manera de buscar nuestra identidad.



PorPatricia Kolesnicov







No hay caso, en el Carlos Gardel que dibujaron y escribieron juntos José Muñoz (1942) y Carlos Sampayo (1943), no hay manera de que Carlos Gardel se quiera ir a dormir con una mujer. Ni con un varón: amigos, farra, caballos, eso es lo que le interesa. Y no el amor, salvo el de la vieja.



No hay, tampoco, definiciones políticas: un día Gardel visita al socialista Alfredo Palacios, un día canta para un intendente conservador de Avellaneda llamado Castelló (guiño a Barceló) mientras afuera “sus matones asesinaban a tres anarquistas”.



¿Quiere decir que Gardel estuvo metido en hechos delictivos, oiga? –pregunta uno de los personajes.



Quiero decir que también cantó para asesinos de obreros.



–contesta otro.



¿Acaso este libro – Carlos Gardel. La voz del Río de la Plata– es una biografía dibujada, acaso trae nuevas revelaciones sobre la vida del zorzal? No, dicen sus autores: es ficción. Por un lado, un ojo puesto en la discusión sobre la identidad argentina, con Gardel como ícono de esa identidad. Por otro lado, “nuestra opinión sobre la absoluta belleza de la voz de Gardel”. Y en los costaditos, en las manchas de tinta sobre los adoquines, una nostalgia: Muñoz y Sampayo se fueron al exilio hace mil años y todavía –y siempre, “por ahora”– viven en Europa. “Me fui en 1977, en una Buenos Aires a medio camino entre la de Gardel y la de hoy”, dice Muñoz a Clarín , en un encuentro en Alemania, donde está con su coequiper. “Yo sería un fragmento de una Buenos Aires que ya se acabó pero sigue viviendo en parajes lejanos”.



Muñoz y Sampayo son dos de los grandes de la novela gráfica, dos grandes “made in Argentina”. Juntos, crearon el personaje de Alack Sinner, hicieron una novela gráfica sobre Billie Holiday, y publicaron, entre muchos otros libros, Sudor sudaca , Tango y milonga y Europa en llamas .



Y ahora se meten con Gardel, para Libros del Zorro Rojo, una editorial de Barcelona que tiene su corazoncito argentino.



La novela arranca con una discusión en un programa de televisión que busca al argentino ideal y que se llama “Tiroteo amistoso” . Ahí se trenzan un conservador gardeliano y un intelectual, al que por supuesto la platea acusará de “comunista” y “puto”.



Muñoz y Sampayo hablan juntos, completándose las ideas; no es difícil imaginar como trabajan.



No se trata solamente de la ambigüedad sexual de Gardel –dice Sampayo– sino de su ambigüedad en general. Está lo sexual pero también lo político. Y como cantor de tango.



Gardel, el francesito, viene disfrazado de gauchito desde el fondo de la pampa, luego se va al espacio internacional, quiere ser Maurice Chevallier, va trasladando su identidad. Es argentino eso –dice Muñoz–, las identidades son como disfraces, uno se las saca, se las pone...



Identidades, formas de ser, formas de mirarse –”soy un mirador”, dirá Muñoz en un rato– recorren el libro. Lo recorren sin piedad: “Hay que estar bien con la gente” , dice Gardel, para justificar su actuación frente al caudillo.



“Ese tema me interesa, el del acomodaticio nacional” , comenta el intelectual de la discusión.



“No estoy acusando a Gardel” –explica el intelectual, como si llevara la voz de los autores– “sino señalando la santificación que se hace de él, como es costumbre en este país de santas y santos” .



La preocupación por santidades y fanatismos cruza esta novela. Hacia el final, y a medida que los ánimos se caldean, alguien en el set advierte que Gardel “murió hace muchos años” pero la pelea se desata y entre los gritos se oye, claro, “¡Gardel!” , pero también “¡Perón!” , “¡Fidel!” “¡Evita santa!” , “¡Borges tanguero llorón!” y hasta “¡Carlitos Menem carajo!” “No hemos pretendido desmontar un mito ni darle forma a uno nuevo a través de datos que, en realidad, son producto de nuestra fantasía”, dicen los autores en el prólogo. No es un nuevo mito. Se trata –dice Muñoz en Alemania– “de volver a soñar un sueño soñado por otros”.



Así, en el libro –completa Sampayo– “Gardel es protagonista sólo como un actor puede ser protagonista de una película sobre Gardel. Trabaja de Carlos Gardel”.



De a ratos lo es– dice/discute José Muñoz.



Sólo cuando el punto de vista es el de quien quiere ser Gardel.



¿De dónde salieron los comentarios que aparecen sobre Gardel, las anécdotas, los puntos de vista? Son diálogos –dice Muñoz– que escuchamos entre distintos fanáticos. Hablaban del Gardel conservador, del que tenía una gran vida sexual secreta, de la falta completa de vida sexual... Con ese material delírico , con la gente que estuvo cerca de Gardel, con los libros, con todo esto hicimos este libro.



Lo que se representa –dice Sampayo– está transmitido por un medio. Eso después es material de archivo, que usamos como soporte anecdótico. Sabemos de las visitas de Gardel a Barceló y a Alfredo Palacios, pero no sabemos de qué hablaron.



Con respeto –dice Muñoz– con respiración, con ganas de contar algo: acá lo que hay es un vuelo, un tango dibujado .



Con respeto, con humor también: Gardel vuelve a Buenos Aires, baja del barco: “ A mi casa, a ver a mi querida viejita” , dice. “ Che, hablá normal, que no estás en una película” , se burla su interlocutor.



Muñoz y Sampayo trabajan certezas y rumores y los ponen en duda: ¿Gardel cantó “Rubias de New York” con Duke Ellington o sólo se lo cruzó en un ascensor? ¿Lo quería su novia? ¿El creía en su amor o pensaba que iba detrás delvil metal? “La gente quiere saber la verdad”, dice Muñoz. “Después la encontrás y arreglátelas (él dice ‘arreglatelás’ )”. Así que Muñoz, el dibujante, quiere otra cosa: “Quiero mentir. Pero quiero que, en el papel, cada nariz respire, cada ojo mire, cada sonrisa sonría”.



No es la verdad biográfica, ya lo dijeron. Es una mirada sobre Gardel mirado por otros para ver qué vemos de nosotros mismos. Algo así parece proponer esta novela gráfica que desembarcó hace días en la librerías argentinas.



Pero aunque quieran usarlo de espejo y aunque en el libro mismo abran una colección de paraguas, Muñoz y Sampayo saben que se están metiendo con uno de los personajes más queridos del país y por eso dicen, en la “advertencia preliminar” que este trabajo no es una interpretación sino “un acto artístico”. Y en la lista de personajes imaginarios que aparecen incluyen a Carlos Gardel.

No hay comentarios: