lunes, 8 de noviembre de 2010

VIKINGO...EL CINE ARGENTINO DEL FUTURO !




SI QUIEREN VER UNA PELICULA ARGENTINA QUE VALE LA PENA VAYAN AL CINE DEL INCAA, ESPACIO INCAA, GAUMONT
SE VAN A LLEVAR UNA SORPRESA DE ESTE AUTOR QUE SEGUN MI PUNTO DE VISTA VA A SER UNO DE LOS GRANDES DIRECTORES DEL CINE ARGENTINO.
AQUI TRANSCRIBO LA NOTA SOBRE LA PELICULA PUBLICADA EN LA REVISTA ESPECIALIZADA DE CINE EL AMANTE.


Vikingo




de José Celestino Campusano, Argentina, 2009, 90’.



Luego de una proyección de Excursiones en el último Bafici, un espectador le dijo a Ezequiel Acuña que esa película era diferente a sus dos largometrajes anteriores porque no trataba sobre el amor. A eso Acuña respondió que no creía lo mismo y que su película sí era sobre el amor porque la amistad lo era.

Vikingo es una película sobre el amor, o sobre formas de amor que se mueven en distintos planos: primero, la pasión por las motos; segundo, la amistad entre dos hombres; tercero, el amor por una mujer. Algo así como el fetichismo, la amistad y el enamoramiento, que quizá no sean todas formas de amor para el mundo y sus definiciones, pero que sí lo son para el mundo y las definiciones de esta película. Porque Vikingo y Aguirre, dos motociclistas que disfrutan y defienden sus motos mientras construyen una amistad, habitan un universo de códigos únicos. Ya decía Campusano a Página/12: “Lo de la actuación es para gente que se pone en la piel de otro, que se informa y ensaya. Ellos no. El léxico que emplean (…) lo tienen tallado en el alma”. Es que Vikingo borronea la frontera entre documental y ficción porque evidencia aquello que hay detrás de cualquier historia: la realidad inspiradora. Pero Vikingo también demuestra la importancia de quien elige esa realidad y señala dónde hay una fuente de historias. Aquí ése es José Campusano (cuyo documental Legión, tribus urbanas motorizadas ya había ventilado los cimientos de este relato).

Vikingo fija su mundo en los suburbios de Buenos Aires y nos llama la atención sobre ellos. En 84, Charing Cross Road, Helene Hanff declaraba amar los libros que tenían notas al margen porque, decía: “Me gusta el sentimiento de camaradería que suscita el volver páginas que otro ha pasado antes, así como leer los pasajes sobre los que otro llama mi atención”. La película de Campusano es una nota al margen (de la ciudad, de la norma y de la forma de hacer cine) y también una excepción. Y desde esa excepción el director construye su relato, marcado por desprolijidades que lo tornan bruto pero fiel a su esencia. Y desde esa excepción retrata personajes que encantan a quien mire y sienta que, algún día, puede llegar a amar (a una moto, una mina, un amigo o lo que fuere) de esa manera. Porque en eso se nos va la vida, en buscar a quién o a qué amar y a quién o qué nos devuelva ese amor. Y si en Vil romance Campusano hablaba de un amor reacio, violento y combativo, aquí nos presenta a Vikingo, un personaje que ama demasiado (sobreprotege a sus hijos, sufre por su sobrino, se apasiona por las motos, protege a sus amigos). Entonces da gusto que Campusano nos muestre eso que él ha visto antes aprovechando esa capacidad de generar epifanías que sólo puede regalarnos el cine. Josefina García Pullés



Publicado en el número 211

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