lunes, 9 de agosto de 2010

Asterix todavía da pelea a los 50 !



Cómic / Héroes galos

NOTA PUBLICADA EN DIARIO LA NACION

El universo del pequeño guerrero se nutre de una inveterada nostalgia por las viejas glorias nacionales. Mientras siga resistiéndose a César y a las legiones romanas, junto con el invencible Obelix, la antigua y valerosa Galia estará en pie, en el limbo del humor más querible

Por Armando Capalbo
Para LA NACION - Buenos Aires, 2010


El pequeño Asterix es el personaje de historieta más popular de todos los nacidos en Francia, junto con Tintín. Asterix apareció por primera vez el 29 de octubre de 1959 en la revista Pilote y su éxito fue casi instantáneo. Cuando salió el tercer álbum, Asterix y los godos (1963), la serie ya estaba siendo traducida a dieciocho idiomas modernos y, además, al latín.

La trama es conocida: el valeroso y audaz guerrero galo debe hacer frente a la permanente amenaza de invasión de los romanos, que quieren apoderarse del único rincón de la Galia que todavía no han podido ocupar. La acción transcurre medio siglo antes del nacimiento de Cristo. Para los lectores más pequeños constituye siempre un desafío, y también un disfrute, develar los juegos de palabras y de sonidos presentes en casi todos los nombres propios de los personajes de la serie, como los del pescadero Ordenalfabétix, el perro Ideafix y el anciano Edadepiedrix.

Los autores, los franceses Albert Uderzo y René Goscinny, dijeron muchas veces que su creación había tenido como pilar la parodia del pasado y del presente en irónica y singular amalgama, así como una suave pero afilada mirada burlona sobre celebridades de todos los tiempos.

La aventura, los viajes y las batallas se concentran en el exotismo de recrear una era clásica, definitivamente perdida pero risueñamente recuperada, como si Francia y la antigua Galia se imbricaran en un país perenne, de humor nostálgico y de resistencia sin tregua.

La llamada tendencia franco-belga, linaje historietístico en el que se acomoda Asterix , comenzó a mediados de la década de 1920, con el dibujante Alain de Saint-Ogan (1895-1974), el creador de Zig et Puce , dos niños traviesos y aventureros que durante algún tiempo brillaron como los únicos depositarios europeos de las técnicas que definirían el cómic moderno. Los historiadores del género apuntan que, a partir de Saint-Ogan, la historieta de habla francesa, tanto en su vertiente infantil como en la juvenil, se abocaría a una burla sutil de las instituciones, por ejemplo, a la torpeza de las fuerzas de seguridad, a la corrupción de la justicia y, en menor medida, a la incoherencia de los adultos ante el mundo imaginario de los niños.

Para la década siguiente, la kid strip en francés contaba también con el periodista adolescente y aventurero Tintín, del belga Georges Remi, conocido como Hergé (1907-1983), y con el célebre semanario Spirou , donde se recreaba al personaje homónimo de Rob-Vel (Robert Velter), un gracioso camarero de hotel. Como revista y semillero, Spirou fue el punto de partida para la primera gran renovación de la tendencia franco-belga, a través de artistas como Joseph Gilain y Maurice de Bévère (1923 -2001), más conocido como Morris, el creador de una serie todavía hoy popular: Lucky Luke .

Un precursor de Asterix, en los años 40, fue el belga Alix l´Intrépide, también un antiguo galo combativo, pero menos interesado en el César, debido al arte de Jacques Martin. El suceso de Tintín en esa década, aunque brevemente interrumpido por los problemas que generó la Segunda Guerra Mundial, se afianzó con el vuelco temático de Hergé hacia lo que él denominó "la aventura por la aventura misma". Se alejó entonces de los temas ríspidos, como el colonialismo o la impugnación de regímenes totalitarios ( Tintín en el Congo , Tintín en el país de los soviets ). La aventura irreverente de Hergé ( El cetro de Ottokar , La isla negra , Las siete bolas de cristal , El templo del sol ) transformó para siempre la tendencia franco-belga y fue una definitiva inspiración para la futura y desenfrenada Galia heroica de Asterix. En El cetro de Ottokar y en El templo del sol ya están los guiños cómplices que invitan a leer el presente desde el pasado y la ironía sobre culturas actuales y remotas que tanto instrumentarían luego los autores de Asterix .

René Goscinny, uno de los primeros guionistas de Lucky Luke , nació en 1926 en París. Con su familia, emigró a los dos años a la Argentina, donde vivió hasta 1945, cuando marchó a Nueva York para intentar suerte en el mundo historietístico estadounidense, fuertemente dominado, para esa época, por los "sindicatos" de producción de cómics. La Argentina y Estados Unidos significaron un importante impulso creativo para Goscinny. De vuelta en Francia en 1950, ya convertido en guionista de la revista Spirou , se unió al dibujante Albert Uderzo (1927) y fundó, junto con Jean-Michel Charlier, la revista semanal Pilote , financiada por George Dargaud, dueño de la editorial homónima. Esa revista fue un verdadero laboratorio de los nuevos talentos franceses y belgas de los años 60. Fue Dargaud el que instó a Goscinny y a Uderzo a crear un personaje de identidad histórica francesa, en el que se combinaran la diversión y la cultura. Asterix el Galo cobró entidad y rápida popularidad. La competencia era grande porque triunfaban en aquel momento las series Las aventuras de Michel Tanguy , de Charlier; Les Schtroumpfs ( Los Pitufos ), del belga Peyo, y Michel Vaillant, el piloto , de Jean Graton, además del éxito sostenido de Lucky Luke y del eterno Tintín.

Nacido de la reunión de lo heroico y lo paródico, Asterix se propuso desde un principio mostrar el costado gracioso de lo épico y la vertiente burlona de la peripecia y la hazaña históricas. En el origen de la trama reina una tensión detenida en el tiempo: la feroz adversidad de resistir al invasor romano en una Galia casi totalmente ocupada, con excepción de la aldea de Asterix, un poblado precario que magnifica la resistencia heroica, la habilidad, la estrategia, aunque también la improvisación. Los antiguos galos están recreados a partir de la paradoja misma, empezando por el propio Asterix, pequeño pero invencible, y por su inseparable compañero Obelix, síntesis de energía y desparpajo (e inspirado, según algunos, en Upa, el hermano menor de Patoruzú, del célebre dibujante argentino Dante Quinterno). Los romanos, a pesar de su superioridad y su poder, están atrapados en la torpeza, el error de cálculo y la ingenuidad. Por una razón u otra, los galos vencen y festejan con voluptuosos banquetes. Los ayudan la magia, la sorpresa, las alianzas impensables y, a veces, la imponderable casualidad. El responsable de la magia es el druida Panoramix, un brujo respetable que puede convocar poderes ocultos y preparar pociones milagrosas: los guerreros galos, beneficiados por el brujo, se convierten en invencibles, por lo menos para las siempre atribuladas legiones del César. Incluso el obeso jefe Abraracurcix se debate entre la lógica y el disparate, menospreciando el poder romano y engolosinándose por los triunfos provisionales. Triunfos que no deberían ser cantados por el vate Asuranceturix, ridiculizado por su voz, apreciado por su inventiva pero, definitivamente, desautorizado en su rol de poeta de las batallas y los triunfos, en la medida en que el verdadero relato, el que se ríe de la guerra y de la historia es el cómic mismo, con sus verdaderos bardos, Goscinny y Uderzo.

René Goscinny murió prematuramente en 1977, debido a un viejo problema cardíaco. El que podría haber sido el desafío máximo para el pequeño Asterix se convirtió, en los hechos, en una nueva y atractiva etapa de su larga serie. Albert Uderzo asumió guiones y dibujos al mismo tiempo. Los nostálgicos del humor inteligente y disparatado de Goscinny desdeñaron (injustamente) algunos álbumes como El hijo de Asterix (1983) o Asterix en la India (1987), y entronizaron como relatos memorables e irrepetibles a Asterix en los Juegos Olímpicos , Asterix y Cleopatra y Asterix y los normandos , de los años 60. En realidad, la impronta de las narrativas dibujadas de esa década sería irrepetible, no tanto por la condición única o excepcional de sus mejores textos sino más bien por el entusiasmo de la intelligentzia francesa por el género.

Los estudios de Francis Lacassin, los artículos del Magazine Littéraire y los empeños de Alain Resnais en esa época valorizaron los lenguajes y las estéticas historietísticas y habilitaron gran parte de la proyección universitaria con la que hoy se investiga el cómic. En la década siguiente, en España, sobre todo a través de Román Gubern, se afirmó la intención intelectual y ensayística en el tratamiento histórico del mundo de la historieta.

En soledad, Albert Uderzo se permitió innovar, incluso forzando la psicología de los personajes, territorio antes excluyente de Goscinny. El humor de Uderzo explora, en particular, la gracia de la inverosimilitud y se extiende hacia nuevas posibilidades de la paradoja temporal. Si el Asterix de Uderzo se topa con personajes demasiado imposibles para la era de la conquista romana de la Galia, es porque su confianza en el lector trasciende el universo reglamentado de la tradición que él mismo instaló con Goscinny.

De pronto, Asterix se convierte en una lente deformante que atraviesa las edades y se empecina en encontrar significados transtemporales en la pequeña anécdota de un grupo irreductible de galos que combate contra las legiones romanas. Uderzo potenció como nunca el efecto humorístico -instalado antes por Goscinny- de burlarse de la mentalidad de la clase media, así como de las características idiosincrásicas de los pueblos, desde luego, en la exageración de la caricatura. La pulcra y modosa flema inglesa es casi tan risible como el melodramatismo español. Los romanos de ayer anticipan el apasionamiento y el bullicio de los italianos contemporáneos. Los antiguos belgas demuestran la misma afición por la rutina burguesa que los actuales. Los fenicios adelantan el mercantilismo impiadoso de nuestra época y los godos son una máscara de la Alemania militarizada de la primera mitad del siglo XX. De forma tal que cincuenta años antes del nacimiento de Jesucristo y en medio de la feroz ocupación de la Galia, los habitantes de la aldea de Asterix y Obelix padecen los mismos sinsabores que el europeo del presente.

Aunque se les ha criticado cierto chovinismo -primero a Goscinny y después a Uderzo, quizás, en un principio, por la declamada devoción de Charles de Gaulle por la serie-, la perspectiva francesa de Asterix busca todo el tiempo una complicidad transnacional con el lector. El patriotismo galo es una irónica metáfora de la elocuente defensa francesa por sus tradiciones y sus características, así como la resistencia de la aldea es un homenaje permanente a la Resistencia del tiempo de la ocupación nazi.

Mucho más que anacronismos, los de Goscinny y Uderzo son chistes e ironías transtemporales: si las caricaturas de Napoleón y Jacques Chirac pueden convivir, como las de John Lennon y Sylvester Stallone o las de Bismarck y Churchill, es porque Asterix remoza el conocido recurso de la paradoja de los tiempos, característico de la ciencia ficción. Este recurso se apoya en una convergencia del pasado con el presente en pos de recuperar la historia con cierta pedagogía y utilizarla como parámetro de contraste que aspira, sutilmente, no sólo a remedar la era contemporánea sino también a burlarse de la visión academicista y heroica del acartonado relato histórico convencional.

Ésta es la verdadera cima de la risa inteligente de Asterix , que se resuelve siempre en clave y que se enlaza hábilmente con la broma a partir de los estereotipos. Por ejemplo, la ingenuidad de la fuerza bruta de Obelix o la inconsciente bizarría del pequeño Asterix ante desafíos que fácilmente lo derrotarían sugieren una permanente humorada del relato bíblico de David y Goliat. En la serie, los corsos son pendencieros; los griegos, prolíficos; los suizos están obsesionados por la puntualidad, los belgas tienen debilidad por las papas fritas y los egipcios recuerdan a los personajes de Aída , de Verdi. Pero es Julio César, un personaje recurrente, el motivo del humor más ácido: la síntesis entre autoritarismo y estupidez, entre pedantería e impunidad le cabe a un importante número de líderes políticos de nuestra época.

Recientemente, Uderzo publicó un álbum especial a propósito del medio siglo de la serie. Allí aparecen textos inéditos de Goscinny y retornan personajes de antiguas historietas de la colección para felicitar y ensalzar a sus protagonistas. El dibujante y guionista aseguró a sus admiradores que seguirá creando historietas de Asterix mientras siga teniendo buenas ideas, pero desestimó por completo una posible continuidad del personaje después de su muerte. Imitó, de esta forma, la decisión que en su momento tomó Hergé respecto de Tintín.

Madrid, París y Bruselas son algunas de las ciudades que festejaron los 50 años del galo intemporal a través de distintos homenajes, pero Internet es ahora el espacio que el pequeño guerrero ha conquistado definitivamente: infinidad de sitios reaniman sus dibujos, comentan sus hazañas y testimonian una indeclinable admiración. Antes aun de este emblemático aniversario, un renovado impulso por Asterix se expandió por todo el mundo a partir de los films en los que el célebre actor Gérard Depardieu interpretó con impagable simpatía al grandote Obelix: Asterix y Obelix contra el César (1999), Asterix y Obelix: misión Cleopatra (2006) y Asterix en los Juegos Olímpicos (2008).

© LA NACION

1 comentario:

Mac Onoterapix dijo...

no es injusta la crítica a los guiones de uderzo, los personajes perdieron sutileza y se convirtieron en caricaturas de si mismos.