lunes, 19 de julio de 2010

ENTREVISTA A GARCIA FERRE EN LA NACION


A boca de jarro: Manuel García Ferré

"Cada episodio de Hijitus es una pequeña comedia humana"


Con sus creaciones, el dibujante pretende enseñar y entretener

"Tenía un profesor de matemática que siempre hacía chistes mientras enseñaba; se llamaba don Francisco Sáenz. Como hacía chistes, por más árida que fuera la lección, le prestábamos atención y entonces aprendíamos. Cuando no entendíamos, don Francisco tenía la suficiente paciencia como para volver a explicar, y, como nos resultaba simpático, no le poníamos resistencia y nuevamente aprendíamos. Esa es la filosofía de mis dibujos, mis historias, mis películas: entretener y enseñar al mismo tiempo", dice Manuel García Ferré, autor de El libro gordo de Petete , proyecto educativo que empezó como una serie de cortos televisivos, luego como fascículos semanales, hasta que finalmente, meses atrás, fue presentado como libro por primera vez.

Ferré nació en Almería, España, en 1929 y llegó a la Argentina en 1947. Cinco años más tarde, el escritor y editor Constancio Vigil aceptó su primera creación, Pi-pío, un pollito con algo de ángel vagabundo que durante seis años apareció en las páginas de Billiken y posteriormente en Anteojito , la publicación creada por García Ferré en 1964. "En las aventuras de Pi-pío hay muchos recuerdos de infancia y algunos personajes que lo acompañaron en sus correrías después siguieron un camino propio. El más famoso es Hijitus, el personaje con el que me siento más identificado", recuerda.

-¿Cómo fue su formación?

-Soy autodidacta, mi interés por las artes plásticas empezó cuando era muy chico. María, mi madre, pintaba y yo la observaba y trataba de imitarla. Ese fue el primer elemento motivador. El segundo ocurrió unos años más tarde cuando estudiaba en el Instituto de Segunda Enseñanza de Almería y cayeron en mis manos tres volúmenes ilustrados por un artista fabuloso, el francés Gustave Doré. Eran la Biblia , El Quijote , y la D ivina Comedia. Al principio creía que eran dibujos y que simplemente se trataba de deslizar la pluma sobre el papel. Sólo más tarde me enteré de que eran grabados y que cada línea era una incisión en una placa de metal, piedra o madera. El tratar de reproducir las obras de Doré me hizo muy meticuloso como artista, aunque también influyó el hecho de que siempre me gustó la matemática.

-¿Cómo influyó la matemática?

-Parecería que la matemática está reñida con el arte. Sin embargo, una de las artes más lindas, la buena arquitectura, tiene mucho de matemática. Por ejemplo, la cúpula de la Basílica de San Pedro, un proyecto de un gran artista como Miguel Angel, fue pensado y calculado a mediados del siglo XVI sin regla de cálculo ni computadora. Unicamente, con su mente intuitiva. El sentía el peso de la cúpula sobre la espalda y no podía dormir porque pensaba cómo resolver los problemas de estructura que le presentaba. El tiempo demostró que los fue resolviendo con éxito. Pasaron 500 años y la cúpula no se cayó. ¡Sigue ahí!

-¿Hay un estilo que le interese especialmente?

-Creo que el gótico es el estilo que más me gusta. Precisamente tiene mucho arte y mucha matemática: las catedrales góticas, las plegarias de piedra, con su diseño audaz y sus ojivas con forma de manos rezando. No hay dos iguales y de las casi 180 que hay en Europa 80 están en Francia. Todos los años viajo a España y siempre me hago tiempo para visitar una maravilla que nunca termina de sorprenderme: la iglesia de la Sagrada Familia, de Antonio Gaudí, en Barcelona. Es una catedral escultura, una catedral obra de arte llena de simbolismos para descifrar. Es que Gaudí era un arquitecto con mucho de escultor. Uno camina a través del misterio de esas columnas de piedra que se afirman en el suelo aplastando una tortuga, por ejemplo.

-¿Algún otro elemento?

-Hay un tercer elemento que alentó mi vocación y sobre todo me dio confianza. Cuando hice mi primera muestra, a los 16 años, tuve una nota elogiosa de Eugenio d´Ors, un gran ensayista, famoso por sus escritos sobre crítica de arte, autor de Tres horas en el M useo del Prado, Goya , El secreto de la f ilosofía, etcétera.

-¿Qué puede decir de Hijitus, su personaje preferido?

-En mi oficina tengo una tira de papel con la evolución de Hijitus desde su origen. Son cuatro versiones: una de 1953, otras de 1960, 1975 y 2009. El primer Hijitus es un chico de expresión triste y la alta galera mágica, que le sirve para transformarse en el superhéroe Superhijitus, aparece muy maltrecha. A medida que pasa el tiempo la imagen va recuperando el humor hasta ser un personaje sonriente y afectuoso que arrastra un piolín con latas de conserva usadas. A veces me preguntan por qué Hijitus sigue teniendo presencia no sólo acá, sino también en otros países del mundo. Es que cada episodio de Hijitus es una pequeña comedia humana dicha con humor. Me recuerda a Chaplin, que tuvo una infancia triste (abandonado por un padre alcohólico, la madre muere de tuberculosis), llegó a Estados Unidos sin nada y que, sin embargo, con talento y esfuerzo logró triunfar.

-¿Cómo nace Petete?

-Mucho antes de la Guerra de Malvinas imaginé una pareja de personajes, dos pingüinos, que se llamaban Malvino y Argentina. Cuando vino la guerra deseché la idea, pero la rescaté creando un pingüinito hijo de la pareja. Primeramente lo bauticé Cuacuacua, pero me pareció que era más para un pato y jugando con el nombre apareció Petete.

-¿Algo para recordar?

-Una frase de la Madre Teresa de Calcuta sobre la felicidad: Felicidad: es vivir cada momento de la vida como si fuera el único .

Luis Aubele

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