lunes, 26 de julio de 2010

Bruselas, la ciudad de la historieta



NOTA PUBLICADA EL DOMINGO 25/8 EN EL DIARIO CLARIN , SECCION TURISMO

La capital belga, un destino ideal para los amantes de la arquitectura y la buena mesa, sorprende con su circuito del cómic.

Algo curioso ocurre con Bruselas. La capital belga es la sede de mega instituciones internacionales como el Consejo Europeo o la OTAN, lo que le da un intenso carácter de ciudad multicultural y cosmopolita, pero al mismo tiempo, por alguna extraña razón, conserva un aire provinciano y cordial, muy a escala humana.

Una postal habitual de Bruselas es la imagen de coquetas calles empedradas por las que pasean sin prisas gentes venidas de todos los rincones del mundo, atraídas por el tranquilo encanto de un centro urbano que combina altos niveles de calidad de vida con un fascinante patrimonio cultural, arquitectónico y gastronómico.

El corazón de la ciudad, y punto de partida ideal para cualquier recorrido, es la Grand Place, donde se encuentra el ayuntamiento (construido en 1455) y varios antiguos edificios que combinan estilos como el gótico, el renacentista o el barroco. En torno de ella se despliega una buena parte de los hitos turísticos más tradicionales de Bruselas, entre los que se destaca la pequeña estatua del Manneken Pis, que representa a un niño orinando; algo que lleva haciendo ininterrumpidamente desde 1691. A poca distancia, cruzando la Grand Place, están las galerías reales de Saint Hubert, el paseo comercial cubierto más antiguo de Europa, y luego la imponente catedral de San Miguel y Santa Gúdula, famosa por la complejidad y belleza de sus vitrales.



Un paraíso art noveau



Para los amantes de la arquitectura, Bruselas es lo que una juguetería para un niño. Por todas partes hay magníficos testimonios de las distintas escuelas que marcaron la evolución de la arquitectura occidental, con una especial presencia de edificios art noveau y art decó, dos estilos que tuvieron un desarrollo clave en la ciudad gracias al aporte de Victor Horda, el "Gaudí belga". Continuando el paseo a pie se llega al barrio de Sablon, famoso por sus ferias de antigüedades, sus tiendas de moda y sus cafés, y luego al llamado Mont des Arts, donde se encuentran los museos de arte antiguo y moderno, además de los magníficos edificios de la biblioteca y el palacio real. Otros sitios que no se pueden dejar de visitar son el Palacio de Justicia y el museo de instrumentos musicales que se encuentra en el viejo almacén Old England, una pieza maestra del art noveau. En el camino de regreso hacia el centro de la ciudad se pasa por Les Marolles, el barrio más bohemio, donde viven numerosos artistas y hay excelentes restaurantes que invitan a degustar especialidades locales como los moules-frites (mejillones con papas fritas).

Otro hito del mapa culinario de la ciudad son los alrededores de las galerías Saint Hubert, donde los restaurantes exhiben pescados frescos y ofrecen delicias típicas como las carbonades, unos potentes guisos de carne vacuna, cocinados con vegetales y cerveza.

Para los amantes del arte, es imprescindible una visita a Halles Saint Géry, un centro de exposiciones situado en el centro de la ciudad, a pocos pasos del monumental y neoclásico edificio de la Bolsa de Comercio. La sede del centro se encuentra en un sitio emblemático de Bruselas, donde funcionaba un antiguo mercado diseñado en 1881 por el arquitecto Dubois. Hoy es uno de los espacios dedicados al arte contemporáneo más importantes del país y uno de los centros de la vida social de Bruselas.



Tintín y su perro Milú



Uno de las aspectos que da mayor singularidad a Bruselas es la pasión que tienen sus habitantes por la historieta, algo que se refleja de manera contundente en muchas partes de la ciudad. Bélgica ha sido históricamente un país muy ligado a la llamada "literatura dibujada" y allí nacieron varios grandes autores de cómic, entre los que se destacan Morris, el creador de Lucky Luke, y Hergé, el padre del mundialmente famoso Tintín.

Precisamente la casa natal de Hergé es uno de los hitos de la ruta del cómic en Bruselas, que se complementa con el excelente Centro Belga de la Historieta (o de la Bande Dessinée, como se la llama en francés) y con un número increíble de muy buenas librerías especializadas en cómics. Además, a comienzos de la década de 1990, por una iniciativa gubernamental, se realizaron en diferentes lugares de la ciudad murales gigantes que rinden homenaje a personajes de la historieta franco-belga y que hoy conforman uno de los circuitos turísticos más populares.

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