lunes, 1 de diciembre de 2008

ENTREVISTA CON MANUEL GARCIA FERRÉ DIARIO CLARÍN

Retrato de un hombre lúcido

A los 89, reflexiona sobre los 52 capítulos de "Hijitus" que ahora se recuperan en una colección. "Siempre me inspiré en gente conocida", dice.


SIN DIFERENCIAS CUANDO SE TIENE UN CRITERIO AMPLIO DEL HUMANO, DICE GARCIA FERRE, NO HAY DIFERENCIAS ENTRE CHICOS Y GRANDES. Y TAL VEZ POR ESO SUS HISTORIAS NO PIERDAN VIGENCIA. CUENTA QUE AQUELLO DE "HIJITUS" Y "SOMBRERITUS" ES UNA PEQUEÑA VENGANZA POR EL LATIN, QUE ODIABA EN EL COLEGIO.

En internet se venden, como joyas de colección, los regalos que traía la revista Anteojito. Muchos conservan ediciones enteras de los personajes de Hijitus que venían en los chocolatines Jack. Aunque fue editor de revistas (Anteojito, Muy interesante, Ser padres hoy ) y realizó varios largometrajes, Manuel García Ferré se considera esencialmente dibujante. Una vocación que nació, calcula él, al ver a su madre que era pintora.

Entre otros personajes clave en infancias de muchos argentinos, Ferré creó El libro gordo de Petete, Calculín y, el ya mencionado y más famoso, Las aventuras de Hijitus, el chico pobre cuyo sombrero mágico lo elevaba a superhéroe protector de Trulala, que llegó a la televisión en la década del 60.

Desde la semana próxima, Las aventuras de Hijitus, se podrá conseguir la colección completa que constará de 10 DVD's con los 52 capítulos de la tira más algunos inéditos en blanco y negro rescatados de la primera época.

Amable y formal, a los 89 años (nació en 1929 en España de donde vino a los 17 años), García Ferré atiende a Clarín por teléfono. Toda una rareza ya que no suele responder a la prensa (algunos lo comparan con Salinger). Desde su estudio en el microcentro dispara algunas pistas.

En realidad Hijitus y Oaki nacieron en su primer historieta Pi Pío publicada durante seis años en Billiken. Hijitus nace en uno de los episodios, bautizado justamente Hijitus en busca de su Papitus. "Siempre le agregué esas terminaciones latinas, porque estudié 5 años de latín y nunca me gustó", confiesa García Ferré. También Calculín nació ahí. El chico inteligente que más que el corazón usaba la cabeza. Y Pi Pío, el chico de la bondad. A García Ferré le gusta la síntesis. "Una de las características de Las aventuras de Hijitus es que tiene poder de síntesis para cada carácter humano y eso le da fuerza".



¿Y qué piensa que pueden encontrar los niños de hoy en esas historietas?

Creo que en todas mis historietas predominó un trasfondo humano, cada personaje era reflejo de algún prototipo y eso lo ha hecho perdurar. Siempre me inspiré en gente conocida. Detrás de cada uno de estos personajes hay un ser humano, cualquiera sea la época. Siempre ha existido un tipo nervioso, desbordado, como Neurus o un niño maleducado y caprichoso pero de buen corazón, como Oaki.

Como le gustaba observar la realidad, García Ferré recurría a los refranes. "Si escuchaba un refrán se lo ponía a Larguirucho -recuerda-. Como era el que tenía menos autoridad, por su cabecita loca, de decir cosas profundas, de ahí surgía la comicidad, el ridículo".



¿Y todo eso era para chicos?

Cuando uno tiene un criterio amplio de lo que es humano no existe la diferenciación entre chicos y grandes. El humor lo he entendido en función de la filosofía, en el sentido de que no era un juego de palabras que se olvidaba meses después. Siempre he pensado en qué móviles tienen los seres humanos para actuar.

En sus historias hay muchos recuerdos de su infancia. "Tuve una infancia un poco dura con la guerra civil -recuerda-. Eso te hace tener un enfoque más realista y menos fantasioso, quizás por eso tiene tanta fantasía lo del sombrero. Hasta ese momento, todos los poderes mágicos los tenía un hada con la varita, entonces me pregunté por qué no hacer un sombrero. Y muchos adultos que en el fondo son niños grandes, se engancharon con la historieta".

De chico García Ferré era poco lector de historietas (Teveos como los llaman en España). Prefería las biografías de grandes personalidades y la historia. Sin embargo el dibujo se impuso como vocación.

"Lo mejor es tener vocación de algo -afirma-. Yo no tenía ni sábados ni domingos y era feliz. Cuando uno hace las cosas que le gustan, al tiempo ni lo tiene en cuenta. Le digo a los padres que si ven en sus hijos una vocación, que la alimenten, la alienten. La vocación es el esfuerzo extra que se le pone a cualquier profesión".



¿Y tiene algún personaje preferido?

Es como preguntarle a un padre a qué hijo prefiere. Quizás el que más recuerdo es Linyerita Pi Pío, el primero que hice, porque de allí salieron todos los demás. Yo dibujaba la historieta, la coloreaba y la llevaba a la editorial. Y a veces aparecía Don Constancio Vigil y me alentaba mucho: "El primer lector que tiene de Pi Pío soy yo", me decía y eso a un muchacho como era yo le daba mu cha seguridad.



¿Está contento por este lanzamiento en DVD?

Es revivir esa etapa, espero que a los chicos les guste también.

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